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"Los colectivos son sinónimo de organización, no de violencia", o por qué los medios internacionales nunca han hablado de democracia participativa en construcción desde hace 15 años

Una de las características de la extrema derecha que recientemente se ha rebelado contra los resultados electorales en Venezuela o El Salvador es su «cultura paramilitar». La idea es destruir todo lo que se mueve en términos de democracia participativa, asesinar selectivamente a líderes comunales, instalar una cultura del miedo. Los medios privados, hegemónicos en estos dos países, contribuyen a esta campaña para criminalizar los movimientos sociales. Es en esta acción de retaguardia (pero también y sobre todo en la construcción del Estado comunal, oculta desde hace quince años por los medios internacionales) que el periodista Clodovaldo Hernández entrevistó al sociólogo crítico y profesor universitario Reinaldo Iturizza, nombrado ministro de la Comuna y Movimientos Sociales por Nicolás Maduro.

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Por Clodovaldo Hernández/Ciudad Especial CCS.

Clodovaldo Hernández – Recientemente hemos sido testigos de una criminalización de organizaciones populares. Al igual que en 2002, con el caso de los Círculos Bolivarianos, ahora se afirma que la responsabilidad por el uso de la violencia se atribuye a «colectivos» conocidos como grupos paramilitares armados. En su opinión, ¿es probable que este tipo de matriz se imponga a la opinión pública, como sucedió en 2002?

Reinaldo Iturizza – Ya está hecho. Podemos verlo a través de las muy demarcadas pero sin embargo intensas manifestaciones de odio que se manifiestan en el territorio de algunos municipios del país. Son actores de la cultura política específicos de un sector específico de la oposición venezolana. Sigo pensando -no sé si esto indica algún tipo de ingenio- que todo esto es una actitud minoritaria.Conozco a mucha gente que no es chavista, pero que no piensa así. Sin embargo, estamos tratando con un núcleo muy duro de la oposición que resulta ser genuina y abiertamente fascista.

P – ¿Esta forma de protesta llega a las filas de los partidarios de la Revolución?

R – De ninguna manera la base social del chavismo ha sido sensible a este tipo de discurso. De hecho, estoy convencido de que durante el golpe de Estado contra el presidente Chávez en abril de 2002, las múltiples manifestaciones de fuerza (las marchas) de la oposición, fueron posibles por el hecho de que el registro de «miedo» había sido muy hábilmente instrumentalizado por ella.

Una forma de miedo pululaba y se apoderaba de muchas personas, traduciendo de la siguiente manera: el chavismo habría sido violento y criminal. Las consecuencias de este trabajo psicológico han continuado, y no hemos sido capaces de borrar completamente sus efectos. Creo que nos vamos a enfrentar al mismo tipo de escenario que tenemos el deber de luchar hasta que la voluntad de paz que emana de la mayoría del pueblo sea una necesidad duradera.

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q. ¿Les afecta esta campaña para demonizar a los colectivos y contribuye a un clima de usura dentro de las diversas formas de expresión del poder popular como los consejos comunales y los municipios que lo encarnan?

R – De ninguna manera. Internamente, hay el mismo tipo de reacción dentro de los colectivos que cuando el fascismo está atacando el chavismo en general: la gente se reagrupa y la cohesión de grupo emerge más fuerte. Las recientes acciones de los presos, cuya virulencia es muy superior a lo que ha ocurrido en el pasado, han fomentado el auge de un esfuerzo decisivo, basado en la profundización del trabajo de los colectivos dentro de sus respectivas comunidades.

En algunos barrios, los colectivos desempeñan un papel sin precedentes, que es centrarse en sectores tan importantes como la formación política y diversas formas de expresión cultural y deportiva. Además, muchas facetas de las políticas implementadas por el gobierno bolivariano, como las Misiones Sociales, encuentran una aplicación concreta debido a la existencia de estos colectivos.

P – ¿Cuál es la realidad de la relación entre colectivos y el uso de armas?

R – No es posible vincular a los colectivos con el uso de armas. Creo que en este sentido, el presidente Chávez en primer lugar, y el presidente Maduro más recientemente se han fijado un curso de acción, sin la menor duda: cualquiera que tome las armas con el argumento de que sería necesario defender la Revolución Bolivariana está fuera del juego y proscrito. Porque es el Estado y nadie más quien tiene el monopolio de la fuerza como obligación democrática. También tenemos que hacer un esfuerzo para explicarlo, con el fin de evitar el riesgo de centrar el debate en los términos de esta alternativa. Para nosotros, la acción de los colectivos no puede de ninguna manera tener lugar en el campo de la violencia o las armas, sino en la de la participación, organización y movilización popular, trabajando en conjunto con un gobierno revolucionario, con el fin de resolver los problemas concretos que enfrentan las comunidades.

P – ¿El establecimiento de un vínculo entre colectivos y violencia corresponde a una línea política que el derecho adoptaría contra la capacidad organizativa del pueblo?

R – Esta línea es clara y definitivamente es a largo plazo. En este ámbito, la acción contra el aborto es perfectamente coherente. Sabe que para lograr los objetivos políticos que se ha fijado, es necesario criminalizar cualquier forma de organización popular. Porque este último es el principal obstáculo para ser derribado en el camino que debe conducir a la derrota de la Revolución. Los defensores de la lucha contra la persecución saben muy bien que cuanto más claramente el pueblo muestre su disposición a organizarse, menos probabilidades tendrán de vencer a la Revolución. Muchos de ellos expresaron su firme intención de embarcarse en un negocio de desmoralización de las masas revolucionarias.

Muy hábilmente, en 2012, Capriles Radonski rodeado de su equipo de campaña presidencial se colocó en esta perspectiva, cuando abordó el tema del pistonné («enchufado»). En ningún momento esta medida desestabilizó a los líderes superiores. Sin embargo, se pretendía incriminar a los Ayuntamientos y a sus portavoces. Para ello, se basó en la existencia de prácticas sospechosas y corrupción en minoría. También habían sido denunciados por los propios miembros de los consejos comunales. Por lo tanto, la campaña de Capriles Radonski consistió en demostrar que estos casos aislados eran parte de prácticas inherentes a todos los consejos comunales como tales. La maniobra, si hubiera logrado su objetivo, habría dado lugar a la destrucción de esta estructura organizativa.

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La derecha sabe que a través de los consejos comunales, son las personas las que se manifiestan a través de su participación activa. La gente que nunca antes se había dado, la capacidad de ocupar el campo de la política activa; (a) a quienes nunca antes se les había dado el poder de administrar sus propios recursos. Es por eso que los Consejos Comunales representan tantos espacios fundamentales en los que se da a la Revolución Bolivariana la oportunidad de florecer.

Esta es también la razón por la que es necesario que el derecho a someterlos al fuego rodante de sus críticos. La cuestión clave es que el pueblo ya no cree en su propio potencial; que considera que sus portavoces y sus organizaciones ad hoc son un problema y no como realmente son, es decir, una parte constitutiva de la solución.

Por último, la derecha, y especialmente su ala fascinada, se guían por una razón cíclica que les anima a criminalizar las estructuras colectivas populares. Porque se trata de culparlos por acciones violentas derivadas de sus propias filas; tener a su disposición un culpable pre-designado, que les da la libertad de afirmar que la violencia provendría de otro lugar.

UNA PROFUNDA AGITACIÓN CULTURAL

P – Además de este tipo de campañas, las organizaciones de base se enfrentan a otros desafíos. El predominio dentro de los sectores de la clase trabajadora de valores inherentes al capitalismo como el individualismo y el egoísmo son ejemplos a citar. ¿Cómo aprehenden estas preguntas, ustedes que al principio fueron teóricos y que durante algún tiempo las percibieron a través de la experiencia práctica directa?

R – Creo que la capacidad de sobrevivir al proceso político actual radica en su capacidad de reinventar constantemente sus propias formas y espacios de participación y organización. El presidente Chávez se basó en un principio: superar/enmendar la lógica de la democracia representativa y los espacios tradicionales de participación. Sin embargo, no se trata de ignorar a los partidos y a los sindicatos.

Sin embargo, nos esforzamos por reinventar sistemáticamente la práctica eficaz de la política. Reconozco que en un momento dado estaba convencido de la necesidad de revisar y reinventar la forma en que operan los Consejos Comunales. Sin embargo, cuando empecé a vivir mi experiencia como ministro en la práctica -especialmente cuando pusimos las bases del Gobierno en la calle- empecé a entender mucho mejor, la idea que el presidente Chávez tenía de los Consejos Comunales, cuando concibió la necesidad de ello. Fue en este momento, afirmo humildemente, que comprendí la importancia del lugar estratégico, que los Consejos Comunales ocupan dentro de nuestra Revolución. Como resultado, he apreciado bastante lo que se hizo dentro de este Departamento, antes de la adhesión a los asuntos del equipo que me acompaña.

No hay un solo lugar en el país que carezca de una organización popular. En todas partes, hay personas que saben dónde están los problemas más importantes… En realidad, ninguno de nosotros ha demostrado la capacidad de relacionar la historia de la impresionante y profunda transformación que ha tenido lugar en el campo de la cultura política. Como regla general, las personas que sirven como portavoces de estas organizaciones prestarán menos atención a sus problemas individuales y familiares. Por otro lado, se centrarán en cuestiones que se resolverán relacionadas con la escuela en su conjunto.

Es innegable que todavía hay casos de individualismo aquí y allá. A veces está claro que la comunidad no está tan involucrada como debería estar en encontrar soluciones a los problemas que enfrenta. Se absuelve de cualquier responsabilidad recurriendo a sus portavoces, que no desean asumir el papel de representantes permanentes… Sin embargo, terminan asumiendo este papel debido a la falta de participación de la mayoría de las personas involucradas.

También nos enfrentamos a problemas relacionados con una mala reactividad de las estructuras institucionales y del Estado, cuando tienen que responder a las peticiones de las Comunidades. Sin embargo, si el tiempo de reacción es demasiado largo, los portavoces que actúan como intermediarios entre ellos y ellos están en desacuerdo con aquellos que les confían esta tarea.

La imagen del Estado también sufre. En cualquier caso, esta generación de hombres y mujeres -especialmente las mujeres- que han asumido estas pesadas responsabilidades, que han dado sustancia al protagonismo colectivo, merecen que se les prendiera homenaje, mucho más allá de los trámites de uso.

Tarde o temprano, nos corresponderá a nosotros destacar el enorme trabajo que se ha hecho en estos nuevos espacios de ciudadanía. Al mismo tiempo, depende de nosotros ser muy firmes ante los casos que demuestran que se ha abusado de las asambleas de ciudadanos. Estamos pensando en aquellos que utilizan su oficina como portavoces para el enriquecimiento personal o para el beneficio de individuos o pequeños escaladores. Todo esto debe ser sancionado. Estos son obstáculos que se interponen frente al camino que cualquier revolución seguirá. Sin embargo, pueden ser derrotados porque sólo son casos aislados.

P – ¿Ha ganado terreno el llamado «contrario social» en paralelo con estos cambios que están remodelando la cultura política venezolana?

R – Cuando uno aborda el tema de la conducta de los propios asuntos por parte del pueblo, surgen muchos prejuicios. Se dice que estamos dando a la gente la capacidad de tomar el control de sus propios asuntos, cuando no son completamente conscientes de las reglas de la administración general. No debemos olvidar que el camino que estamos tomando acaba de ser despejado. También estamos hablando de un pueblo que nunca se ha sugerido que participe en la gestión de sus recursos. Es obvio que cuando estamos lidiando con la primera vez, los problemas seguramente surgirán. Esto no significa en modo alguno que uno debe adoptar la postura complaciente de «dejarlo ir» y «dejarlo ir».

Por otro lado, tenemos que hacer esfuerzos para servir a las prácticas inherentes al contrario social. Tenemos que asegurarnos de que se mejore el control de gestión popular. Esto implica, por ejemplo, que el Estado haga su parte, asegurando que todos estos procesos están «desbureaucratizados». También debe ser aún más eficaz, cuando se trata de apoyar a las comunidades que están expresando su deseo de apoyar a sus respectivos consejos comunales.

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, EL TRABAJO QUE AÚN QUEDA POR HACER

P – Está claro que los medios privados se oponen a diversas formas de organización popular. Por otro lado, ¿qué pasa en el sector público y en los medios populares, comunitarios o alternativos? ¿Han progresado en su tarea de contrarrestar el peso de estos sistemas destructivos?

R – Creo que hemos avanzado a pasos muy lentos. Pero el presidente ha insistido en la implementación de proyectos como la televisión de la comuna, VTV Comunas, cuyas primeras imágenes pronto veremos. Sobre este tema lo hemos pensado y puedo decir, de manera autocrítica, que todavía tenemos mucho, mucho que hacer para avanzar en la difusión de todo lo que el poder popular logra. Se trata de contar muchas historias que están sucediendo en este momento al mismo tiempo, en muchos lugares, en el mismo momento en que estamos hablando. Miles y miles de personas tienen algo que decir. Y que tenemos que oír. Todavía nos queda un largo camino por recorrer.

P – Uno de los sectores involucrados en la Revolución, que ocupa un lugar importante en el debate ideológico, afirma que la organización del pueblo sobre la base de los Consejos Comunales y las comunas no puede conducir al socialismo, con el argumento de que esta estructura organizativa da lugar a una especie de individualismo que anima a los círculos interesados a cuidar sus intereses específicos. ¿Qué opinas de eso?

R – Estoy absolutamente en desacuerdo con ese análisis. Repito, por mi parte, que el destino de la revolución está subordinado a si se dará o no, a la capacidad de inventar o reinventar nuevas formas de participación. El presidente Chávez lo dejó claro en un momento en que el proceso revolucionario todavía estaba en su infancia. Era claramente consciente de la necesidad de estimular la aparición de formas de participación con una lógica reticular.

En octubre de 2012, mencionó la existencia de esta enorme red que abarca todo el territorio de la Patria. Esta lógica reticular difiere de las formas tradicionales de participación. Soy un firme defensor del partido porque es necesario llevar a cabo tareas/deberes específicos. Sin embargo, cualquier revolución debe explorar constantemente el campo de las estructuras organizativas, no limitarse a la forma de un partido. Sin embargo, no diré que los Consejos Comunales resultan ser la configuración definitiva de participación.

Me parece, sin embargo, que en este momento tan histórico, la continuidad de la Revolución Bolivariana depende de ellos. Si los consejos municipales no existieran, la Revolución Bolivariana no sería apoyada tal como es. Si todo esto mejorara en el futuro, sólo podríamos acogerlo con beneplácito. Eso está por verse. En cualquier caso, la decisión no será responsabilidad de ninguna persona que formuló un análisis político. Esta responsabilidad recae en el pueblo venezolano, que eligió a los actuales líderes políticos. Creo que existen las condiciones para confiar en el pueblo y en el liderazgo político de la Revolución.

En los últimos meses, el presidente Maduro ha demostrado que en realidad es el presidente legítimo y constitucional, pero también un líder político de la revolución, que poco a poco está demostrando serlo. A veces es difícil pensar en otro líder después de una personalidad tan llamativa como la de Chávez. Sin embargo, creo que Maduro logra alcanzar sus propios objetivos. Esta es una reflexión que los bolivarianos de las filas de la vieja izquierda deberían estar considerando. Si mostraran un poco más de confianza en la gente, tal vez lograrían lo que Chávez logró a partir de 1998.

UNA DEFINICIÓN CON ALMA. PERO TAMBIÉN CARNE Y HUESO.

¿Qué es una Comuna? Esta es la pregunta planteada por el sociólogo Reinaldo Iturriza cuando se convirtió en ministro de Poder Popular para los Comunes y movimientos sociales. No hay necesidad de recurrir a una definición puramente académica. «Esta definición debe surgir de una consideración general, dotada de alma, pero también de carne y hueso. Desde el principio, hemos tenido esta convicción: esta explicación, son las mujeres y los hombres, como partes constitutivas de los Comunes, las que deben proporcionarla. Sin él, nadie entenderá el significado profundo», dice.

También examinó otro tipo de cuestionamiento: ¿Qué hace que la gente quiera formar una comuna? Las diversas conversaciones que ha iniciado con los agentes sociales involucrados lo animan a ser muy optimista. Por supuesto, mucha gente se ha movilizado. Y esto, gracias a la capacidad de despertar, de estimular políticamente que Chávez se ha manifestado. Sin embargo, es posible discernir la existencia de otras razones para esta movilización, diferentes de las que entran dentro del papel decisivo/estratégico del líder. «Hay muchas razones que inspiran a la gente a hacer su parte, y eso en última instancia marcará la diferencia. Estos son los que tenemos que difundir», dijo.

Iturriza, que se convirtió en parte de un gabinete después de ganar una gran reputación como analista político muy agudo, se ha beneficiado de una rara oportunidad: viajar por el país y, por lo tanto, acercarse a lo que se llama el «poder del pueblo». Mientras que para otros, todo es abstracción pura. «Creo que es esencial hacer todo lo posible para crear las condiciones para un surgimiento: el del autogobierno del pueblo, para que el verdadero actor de este proceso sea el pueblo como fuerza organizada».

TEORÍA Y PRAXIS

Su compromiso total con la revolución, combinado con un espíritu crítico constante, fue lo que llamó la atención del presidente Chávez. Uno de estos artículos publicados después de las elecciones parlamentarias de 2010 fue notado por el líder bolivariano, quien lo elogió durante uno de sus discursos públicos. Por lo tanto, como todo lo que será tocado por la «varita mágica» de Chávez, Iturriza ya no podrá escapar de la notoriedad, aunque es uno de esos hombres que prefieren la discreción. Por supuesto, esta recomendación expresa del Presidente terminó influyendo en su nombramiento como jefe de los Comunes y los Movimientos Sociales.

Con esta visión de las cosas comprometidas y críticas, y dotada de experiencia práctica resultante de una inversión diaria, se sumerge totalmente en las aguas del poder popular. Así, puede dibujar un borrador de un análisis de la teoría y la praxis: «Es absolutamente común que dentro de las revoluciones surjan fuerzas que dependen de la burocratización de los procesos, y que otros desafían al pueblo, aunque todo esto parezca contradictorio. Creo que por eso el presidente Chávez se comprometió personal y contundentemente a garantizar que los ministerios recibieran el nombre de «Poder Popular». Algunas personas no se conforman con este término por razones muy válidas, pero son los burócratas los que más lo odian».

Traducción al español: Jean-Marc del Percio

Fauxccupy: cuando cae la máscara de Guy Fawkes de la oposición venezolana

Por Roberto Lovato – Latino Rebels, 14 de marzo de 2014

Caracas – Las noticias e imágenes disponibles en Venezuela en las últimas semanas llevarían al hombre a la calle a concluir que los jóvenes opositores son "manifestantes pacíficos" en línea con el activismo global de los jóvenes de la "Primavera Árabe", el movimiento Occupy u otros países latinoamericanos. Tal conclusión sería errónea, ya que la información sobre Venezuela es muy cuestionable, a una escala sin precedentes.

Consideremos, por ejemplo, a los asesinados de ambos lados. Los medios privados (en inglés o español) no cubrieron a las ocho (y más) víctimas pro-chavistas de la violencia perpetrada por los estudiantes o el resto de la derecha. Ninguno está investigando informes de que la mayoría de las muertes fueron atribuibles a la oposición. La depuración radical de las víctimas pro-chavistas es sorprendente.

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La imagen de arriba muestra, por ejemplo, a miembros de la derecha venezolana sosteniendo un alambre de púas que decapitó a un ciclista inocente, Rafael Duron de La Rosa, quien murió omitido por la mayoría de los medios de comunicación. Otro ejemplo de silencio es el asesinato de la estudiante chilena Gisella Rubiar el 9 de marzo en Mérida, quien fue tiroteada por activistas de extrema derecha cuando intentaba despejar una calle bloqueada por su barricada.

Otro aspecto de este trato mediático tan especial a Venezuela se refiere a las imágenes de las máscaras de un tipo Fawkes, un símbolo de movimientos anticapitalistas popularizados por Hollywood y, más recientemente, por las protestas de ocupación.

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La semana pasada entrevisté a miembros de la oposición, entre ellos decenas de jóvenes. Casi todos ellos son estudiantes de clase media y alta que viven en los barrios ultra-élite de Caracas, los más ricos de las Américas. Cuando les pregunté si se definían a sí mismos como "anarquistas" o "marxistas" o como partidarios de una de las ideologías que caracterizaban a la mayoría de las oposiciones históricas o actuales en la región, estos estudiantes respondían constantemente en negativo, algunos a veces pasando de un "¡para nada!". ("en absoluto!") o equivalentes españoles de "¡Nunca en la vida!"

Algunos de los entrevistados me dijeron que se identifican con soldados como el generalísimo Marcos Pérez Jiménez, un ex dictador muy repudiado. También se reconocieron en la oposición venezolana, liderada por tres miembros de la élite del país -Henrique Capriles, María Corina Machado y Leopoldo López-, todos involucrados en el golpe de Estado de 2002 contra Hugo Chávez y con vínculos familiares directos con los propietarios o altos ejecutivos de los mayores conglomerados privados de Venezuela y el continente.

Ahora, si la oposición venezolana está liderada por multimillonarios en un país pobre y en lugar de luchar contra las iniciativas multimillonarias de la política estadounidense (como hacen la mayoría de los movimientos latinoamericanos), esta oposición recibe millones de dólares del Departamento de Estado, ¿cómo podemos entender todas estas imágenes de estudiantes con un símbolo asociado con movimientos de izquierda?

La respuesta es triple. La primera es que la idea de usar esta máscara frente a las cámaras es parte de la sofisticada formación mediática que los estudiantes han recibido de OTPOR/CANVAS y otros consultores alquilados con millones de dólares estadounidenses. La segunda es que los estudiantes que cometen violencia y que temen sanciones deben esconderse. Por último, esa es la lógica del mercado, hay gente comprando máscaras porque es genial u otros que lo ven como una ganancia comercial, como vi en las fotos que tomé la semana pasada.

Sin un análisis minuciro de las imágenes dominantes, sin tener en cuenta cuidadosamente lo que es la oposición venezolana, podría confundirse con algo como el Che Guevara o Occupy o la Primavera Árabe. Pero con líderes de la derecha estudiantil como Lorent Saleh, Vinculados a los paramilitares del expresidente Uribe y a grupos neonazis colombianos (véase El Espectador del 21/7/13) (1) o Yon Goicochea que recibieron el premio de $500,000 "Milton Friedman" y otros fondos privados o gubernamentales de los Estados Unidos, hay muchos más detrás de las máscaras de Guy Fawkes en Venezuela que las que vemos en los medios de comunicación. Y tal vez estamos viendo algo nuevo y radicalmente diferente en el continente insurgente de América: Fauxccupy…

Foto: Roberto Lovato

Traducción al inglés: Thierry Deronne